Los retornados mudos

fog

Una fría madrugada de invierno la calle amaneció difuminada por un vapor blanco, tan sólido que apenas permitía ver nada. La niebla fue espesándose a lo largo del día hasta convertirse en algo sólido y opaco al atardecer. Todos los que salieron a la calle y  se adentraron en ella no volvieron a su casa aquel día.

Por la noche, la niebla comenzó a disiparse lentamente. Los pocos que habían quedado, los que no se habían atrevido a salir, asomaban la cabeza por la ventana con temor y extendían la mano intentando palpar con los dedos la espesura del aire condensado y oscuro. Esperando.

A la mañana siguiente, con el nuevo amanecer, los desaparecidos regresaron. Pero ya no eran los mismos. No pronunciaban palabra. Hombres y mujeres que habían ido a trabajar, con sus maletines y sus fiambreras colgando de un hombro. Padres y madres que habían ido a llevar a sus hijos al colegio. Niños con el uniforme, los más pequeños con baby, arrastrando pesadas mochilas llenas de libros. Ancianos que habían salido a dar sus paseos matutinos.

Ninguno de ellos hablaba.

Durante todo el día se limitaban a congregarse en las calles, en las tiendas y en los bares. Mirándolo todo con silenciosa curiosidad, como si fuera la primera vez. Y así hasta que murieron uno tras otro en soledad y silencio, dejando caer sus cuerpos inertes sobre la acera al principio de la primavera.

Nunca volvieron a hablar.

Les llamaron “los retornados mudos”.

Años más tarde se descubrió una cueva prehistórica en un monte cercano. Los nombres de todos y cada uno de los retornados mudos estaban escritos en la pared con la sangre de algún animal salvaje.

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2 thoughts on “Los retornados mudos

  1. Hola!! No te acordarás, pero hablamos -bueno, nos fidbaqueamos-, hará cosa de unos tropecientos milenios o algo así; desde entonces he entrado alguna vez en tu blog y, joder, pues parece que lo has dejado abandonado… te lo digo porque es una lástima, ya sé que, por cosillas que has dejado caer, bueno, o que has dicho abiertamente, ahora no sé si lo sé por deducción o porque lo has escrito tú misma, creo que estabas ahí embarcada en la experiencia de la maternidad, y bueno, supongo que tendrás un curro y una vida que te absorva las energías… lo mismo eres tan feliz que te has olvidado de escribir; OJALÁ, siempre nos quedará leer, ¿no?

    Hay una cosa que no sabes… cuando yo leí, hace ya muuucho tiempo tus entradas de “Al este de todo” y “Las nubes” me sucedieron dos cosas: la primera, que sentí la alegría de haber descubierto a una tía más o menos de mi edad que escribía cosas que me encantaban y que me hizo reír, interesarme por una historia y emocionarme; por el otro, me diste ganas de lanzarme y cagarme un poco en todo y perderle el miedo al ridículo… quien sabe si porque sabía que eso era, precisamente, lo que iba a hacer…

    Todo esto te lo suelto así, de gratis, dirás tú, no porque sea un psicópata peligroso a punto de aparecer en tu vida para husmear en tu basura a ver si te dejas un tampón o unas bragas, jajá, lo siento, pero por tentador que suene darle a nuestras vidas un toque así de emocionante y picantillo, no van por ahí los tiros. Me dejo de zarandajas: lo que te quiero decir, sin más preámbulo, es que escribes muy bien, es que vales para ello y si por alguna de las casualidades de este mundo cruel hay algo, pocas visitas en el blog o chorradas de ésas, que te hayan hecho perder el impulso -a parte de las ya mencionadas de haberte convertido primero en fábrica de leche y después en el Ojo de Sauron y tal con tu niño-, pues que no deberían afectarte EN ABSOLUTO. Te lo digo porque considero que es un deber moral y porque fuiste cálida y legal conmigo en su día. Sin más, un abrazo, BRUX. (Me iba a poner como anónimo, pero por si las moscas te rallas con lo de la psicopatía mejor te dejo bien clarito quíen soy…) ;P

    1. Hola, Brux. No creo que leas esto ya, porque escribiste hace casi tres años… qué quieres que te diga. Leí tu comentario, sí, pero no he contestado porque no he tenido la energía mental para hacerlo. Ojalá pudiera dar marcha atrás y recuperar todo el tiempo perdido. Discúlpame.

      Solo quiero darte las gracias por tus palabras. No caen en saco roto. No es por falta de ganas, sino por exceso de bloqueo y déficit de tiempo.

      Muchas gracias.

      Espero que leas esto algún día y que, ahí donde te llegue, estés bien.

      Alicia

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