La pelea

–¿Dónde está la falda nueva, la azul? –preguntó la chica rubia.
–¡Yo qué sé! Tú sabrás –contestó la chica morena–. Estaba en el armario del dormitorio.
–Vamos a buscarla. Quiero ponérmela.
–No, hoy vamos a ir de verde. Y con pantalones.
–¿Por qué tienes que decidir tú siempre?
–Tú misma. Si quieres buscar la falda, búscala. Yo no me muevo de aquí.
–Pero qué hija de puta eres a veces -dijo la chica rubia.

La chica morena la ignoró y ajustó el elástico de la enorme cintura de los pantalones. A continuación se agachó e introdujo la pierna derecha. Y se quedó en esa incómoda postura, esperando, hasta que se le agotó la paciencia.

–¿A qué esperas? -dijo.
–Quiero la falda azul -respondió la chica rubia.
–Mete la pierna izquierda de una vez.
–No -dijo la chica rubia-. Este cuerpo no es solo tuyo.

Y le dio un bofetón a su siamesa con su brazo izquierdo, el único que ella podía controlar.

Taller de microrrelatos

Ah, la felicidad de empezar un blog y tener material para rellenarlo.

Hace unos días comencé un minicurso de microrrelatos en el aula virtual de la interesante iniciativa Transartica. El taller, denominado “Taller (muy) breve de ficción mínima emotiva y grotesca”, está dirigido por el genial Santiago Eximeno. Aparte del disfrute que supone participar en un taller de estas características con ese lujo de profesor, es una forma excelente de desbloquearse.

Los ejercicios diarios empujan a escribir, a pensar y a desempolvar la cabeza.

Para los que sólo conseguimos escribir “bien” en determinadas circunstancias (iluminada por la inspiración, con el cuerpo bien descansado, sin interrupciones, sin distracciones, sin dolor de cabeza, a primera hora de la mañana, o última hora de la tarde – en este caso sólo sin no ha sido un día demasiado estresante –  con una silla cómoda, un vaso de agua fresquita pero no demasiado fría, la mesa ordenada, las zapatillas negras y los dientes recién cepillados) el resultado suele ser un bloqueo absoluto.

Añadamos a eso la egocéntrica manía de pensar que si lo que escribimos no es perfecto, excelente, demoledor y digno de admiración, no merece la pena intentarlo.

Al final hay que ejercitar un poco la humildad y pensar que sí, que seguramente será una mierda. Pero al menos lo has escrito. Eso es mejor que procrastinar con la excusa de que “tú vales más que eso” y dejar pasar otro día más esperando al momento perfecto.

Escribir bajo presión, sin tiempo de prepararse, es una buena forma de ser productivo. Y sobre todo de aprender.

Colgaré algunos microrelatos producto de este curso, pero – ejem- tras pasar el tamiz de la corrección del profesor. 🙂