A supposedly fun thing I’ll never do again

“There is something about a mass-market Luxury Cruise that’s unbearably sad. Like most unbearably sad things, it seems incredibly elusive and complex in its causes and simple in its effect. (…) I felt despair. The word’s overused and banalified now, despair, but it’s a serious word, and I’m using it seriously. For me it denotes a simple admixture – a weird yearning for death combined with a crushing sense of my own smallness and futility that presents as a fear of death.”

“A supposedly fun thing I’ll never do again”, by David Foster Wallace.

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“Algo tienen los cruceros de lujo para el mercado de masas que es insoportablemente triste. Al igual que la mayoría de las cosas insoportablemente tristes, resulta increíblemente esquivo y complejo en sus causas a la vez que sencillo en su efecto. (…) Sentí desesperación. Hoy en día, esta palabra se ha banalizado por un exceso de uso. Desesperación. Pero es una palabra seria, y la uso en serio. Para mí denota una mezcla sencilla: un deseo extraño de muerte combinado con la demoledora sensación de mi propia pequeñez, mi futilidad, que se presenta como el miedo a la muerte.”

“Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”, de David Foster Wallace

¿Otra vez tú aquí?

Cuatro años más tarde, otra vez un blog.

Un blog de viaje.

Una de las cosas que más valoro es la posibilidad de viajar. Me pasaría la vida paseándome por el mundo con una mochila a cuestas. Y tendría un blog completísimo, lleno de fotos, anécdotas y descripciones interminables.

Ah, pero eso es glamour puro y duro. El viaje exterior no es más que el transporte del viaje interior.

Todo cambia cuando uno se da cuenta de que el mayor viaje es el de la vida misma, un tren abarrotado que siempre se mueve hacia delante. El destino, con todas sus bifurcaciones, transbordos, cambios, paradas y retrasos,  siempre debe ser este: llegar al fondo de uno mismo.

Ahí es donde está la verdad.

Así que, mientras llega el momento de volver a relatar aventuras de ultramar, vuelvo a sacar la cabeza por la ventanilla de este tren y les saludo.

¿A dónde vamos?