La pelea

–¿Dónde está la falda nueva, la azul? –preguntó la chica rubia.
–¡Yo qué sé! Tú sabrás –contestó la chica morena–. Estaba en el armario del dormitorio.
–Vamos a buscarla. Quiero ponérmela.
–No, hoy vamos a ir de verde. Y con pantalones.
–¿Por qué tienes que decidir tú siempre?
–Tú misma. Si quieres buscar la falda, búscala. Yo no me muevo de aquí.
–Pero qué hija de puta eres a veces -dijo la chica rubia.

La chica morena la ignoró y ajustó el elástico de la enorme cintura de los pantalones. A continuación se agachó e introdujo la pierna derecha. Y se quedó en esa incómoda postura, esperando, hasta que se le agotó la paciencia.

–¿A qué esperas? -dijo.
–Quiero la falda azul -respondió la chica rubia.
–Mete la pierna izquierda de una vez.
–No -dijo la chica rubia-. Este cuerpo no es solo tuyo.

Y le dio un bofetón a su siamesa con su brazo izquierdo, el único que ella podía controlar.